La renta básica universal lleva camino de convertirse en el moderno maná de la sociedad.

Es un debate que está encima de la mesa.

Por numerosas cuestiones y caldo de diversos enfrentamientos políticos y sociales.

El Salario Mínimo, una herramienta poderosa de los gobiernos.

El salario mínimo es una medida de redistribución de las rentas, cuya variación se transmite a toda la estructura salarial de la economía, porque la negociación colectiva lo toma como referencia.

Tradicionalmente el valor generado en una economía se repartía entre los trabajadores y los empresarios (y el Estado, claro).

Pero este esquema se ha visto progresivamente modificado por la evolución de la economía durante los últimos dos o tres decenios (dependiendo de qué hitos tomemos).

Por un lado, el aumento de la importancia de las empresas intensivas en capital (por cierto un recurso con coste nulo desde hace años) ha hecho disminuir la efectividad de aumentar el salario mínimo para trasladar renta de los empleadores a los asalariados.

El cambio en las empresas con mayor capitalización del mundo.

En 2008, PetroChina, ExxonMobil, General Electric, China Mobile, y el Banco Industrial y Comercial de China estaban entre las empresas con mayor capitalización.

En 2018, han sido sustituidas por las empresas bajo el acrónimo FAANG: Facebook, Amazon, Apple, Netflix, and Alphabet.

Una revisión de las listas que viene publicando la revista Fortune da una idea más detallada del asunto.

Algunos ejemplos de la relación entre la inmigración y el salario mínimo

Por otro lado, los flujos migratorios a Europa han hecho que una subida del salario mínimo suponga una barrera adicional para la incorporación a la vida laboralmente activa de los trabajadores inmigrantes.

La crisis migratoria afloró este debate hace unos años en Suecia.

Y es que, aunque no tiene un salario mínimo impuesto legalmente, sí lo fija en la negociación colectiva.

Este país, en 2016, tenía el problema de que el paro juvenil era un 70% mayor entre los no nacidos en el país, que entre los nacionales, con el riesgo fruto de la inestabilidad social que ello lleva aparejado.

Así pues, es necesario encontrar otras formas de redistribución de rentas que sean más eficaces.

Una idea vieja, recuperada: la renta básica universal.

Desde Estados Unidos nos llega la preocupación de la comunidad tecnológica por el futuro de sus puestos de trabajo.

Paradójicamente, por sus propios progresos en inteligencia artificial y en robótica, que van reduciendo la necesidad de cabezas pensantes.

Y reclaman un ‘dividendo social’ por la riqueza que generan estas tecnologías una vez puestas en marcha.

quien reparte la renta básica universal

Las propuestas de financiación por la riqueza que genera la tecnología.

Hay varias propuestas de financiación del ‘dividendo’.

Entre ellas poner un impuesto sobre la renta a los robots cuya recaudación se emplee en paliar sus efectos sobre el mercado laboral.

La idea general es que los beneficios generados por las patentes y demás formas de propiedad intelectual son recursos sobre los que la sociedad tiene derecho a reclamar su parte.

Ya que el progreso es acumulativo y se basa en investigación financiada en todo o en parte con fondos públicos.

La renta básica universal

Por tanto, todos los ciudadanos tienen derecho a una renta básica universal, independiente de su actividad laboral.

Esta idea de que determinados activos productivos (la propiedad intelectual) pertenecen en cierta medida a la sociedad es la misma que justifica que algunos países ricos en recursos naturales repartan los beneficios generados por estos.

Sin embargo, llevarlo a la práctica de forma efectiva no es fácil.

Y encontramos distintos grados de éxito, como se observa en el caso de los países con recursos petrolíferos, desde los fondos soberanos de Noruega, o el caso escocés, terminando en el caso de Venezuela.

La abundancia de recursos a veces supone una maldición para quien la ‘sufre’.

Volveremos sobre esto en otro artículo.

Cuando el activo es la propiedad intelectual

Cuando el activo es la propiedad intelectual, pocos países podrían repartir esa supuesta renta generada por su nivel de científico.

copyright-propiedad-intelectualEspaña, si decidiese el pago de algún tipo de renta básica universal, muy probablemente debería recurrir a aumentar los impuestos o a endeudarse.

Aunque otra posibilidad sería desmantelar parte del entramado de redistribución de rentas actual y sustituirlo por un único pago periódico a todos los ciudadanos.

Pero puesto que no hay activos que generen dividendos,…

¿en concepto de qué se entregaría el dinero?

¿no sería mejor bajar los tipos de IVA?

El debate es muy interesante y la preocupación de los gobernantes en España la podemos rastrear hasta el momento en que Carlos III redujo la capacidad de la Iglesia para proporcionar ‘sustento universal’ (la sopa boba) y fue el Estado, con otras bases, el que tomó el relevo asistencial.

Un cambio en el papel redistributivo de los Estados modernos

La renta básica universal tal como se discute ahora, aunque defendida en nuestro país por algún partido que se dice de izquierdas, en realidad es una idea liberal.

De hecho, podemos encontrar antecedentes en los años 60 del pasado siglo, en el Impuesto Negativo sobre la Renta de Milton Friedman.

Incluso el presidente Richard Nixon, republicano y poco sospechoso de comunista, intentó que se aprobase en el senado un plan que básicamente era una renta básica universal.

Como a los ciudadanos de la antigua Roma, nos otorgaría el derecho a no trabajar para subsistir, o al menos, a que trabajo y subsistencia no vayan asociados.

El papel del estado en la renta básica universal

Hemos pasado de la idea de que el Estado debe ser la ‘aseguradora de último recurso’ apoyando a gente que se queda sin recursos o sin trabajo o sin salud, a la idea de que el Estado nos debe proveer de un mínimo subsistente porque sí.

O mejor dicho,… para que los ciudadanos no alborotemos.

Vistos los resultados de este tipo de ocurrencias en otros países, que solo han generado inflación, y vista la puesta en práctica del Crédito Básico Universal que terminó en crisis inmobiliaria,…

es mejor pedir más empleo y del tipo para el que se necesita cualificación para que los graduados no tengan que emigrar.

Aunque hay que reconocer que la idea de vivir sin trabajar la llevamos la mayoría de las personas en nuestra lista de deseos, por si topamos con el genio de la lámpara.

el sueño de vivir sin trabajar