Amancio Ortega fundó Inditex en 1985 como grupo empresarial, aunque su andadura como fabricante de ropa se remonta a 1962. Durante más de cinco décadas de trabajo, este discreto empresario afincado en Galicia ha visto crecer su empresa hasta convertirla en el gigante textil que todos conocemos, especialmente a través de su buque insignia, ZARA.

Pero durante esta meteórica carrera también ha demostrado habilidad, no solo en lo referente al diseño y distribución de moda, sino en saber rentabilizar los cuantiosos dividendos obtenidos en sus negocios  (durante 2018 el magnate percibió 1.386 millones de Euros procedentes de los dividendos de Inditex). Así, en 2002 Amancio Ortega constituye Pontegadea Inmobiliaria, una sociedad de inversión inmobiliaria dedicada a la adquisición y arrendamiento de bienes inmuebles. En la actualidad Pontegadea Inmobiliaria tiene inversiones en «ladrillo» por un valor razonable aproximado de 8.800 millones de Euros, de los cuales el 75% está fuera de España.

Si analizamos de cerca la trayectoria de la rama inmobiliaria del grupo, es apreciable el acierto que ha supuesto entrar en un mercado bajista, haciendo «buenas compras» y valorarlas según el método de comparación para después instrumentalizarlas en una empresa especialiada en la gestión patrimonial. El hecho de no necesitar financiación y poder pagar de inmediato ha supuesto una ventaja en términos de precio y competidores, puesto que ante otros potenciales compradores necesitados de financiación y mayor tiempo para tomar decisiones, los vendedores se inclinan por importes algo menores pero transacciones más rápidas.

Amancio Ortega también estuvo atinado a la hora de elegir qué tipo de edificaciones poner en su diana compradora: siempre edificios imponentes, muchos de ellos emblemáticos, y excelentemente ubicados en las zonas premium de ciudades con alto atractivo comercial y turístico como Londres, París, Nueva York, Miami, Chicago, San Francisco o Boston. Si echamos un vistazo en España, Pontegadea Inmobiliaria ha incorporado a sus activos importantes edificaciones como Torre Cepsa, Torre Picasso o Gran Vía 32 en Madrid o la sede de BBVA en la barcelonesa Plaza de Cataluña. Tampoco se le ha resistido el mercado asiático con la adquisición en 2016 de un enorme complejo comercial en Seul (Corea del Sur).

Sabedor de que edificios de ese calibre siempre van a tener demanda de grandes empresas, muchas de ellas del sector textil, su arrendamiento le ha otorgado buenas rentas. Si añadimos a esta fórmula los bajos tipos de interés reinantes y el mínimo riesgo asociado a la composición de su cartera de inmuebles, obtenemos que, aplicando el método de capitalización (aquel que utiliza las rentas como factor principal), el valor de dichos inmuebles sea muy superior. Sin duda una jugada maestra de Amancio Ortega.