La  libra de Facebook vuelve a estar de actualidad.

Hace apenas unos días, ya habíamos planteado si será la libra de Facebook el dinero del futuro

Pero las últimas noticias apuntan a las dudas sobre si será una amenaza para el orden financiero global tal y como lo conocemos hasta hoy.

La posible utilidad de la moneda de Mark

El Esperanto, para quienes no lo recuerden, es una lengua creada a finales del siglo XIX por Zamenhof, un polaco, con la intención de que fuese una ‘lingua franca’, fácil de aprender y que facilitase la comunicación internacional.

Es notorio que no ha sustituido a ninguna lengua oficial del planeta, pero su vocación tampoco era esa.

La moneda de Facebook se pondría a disposición de los más de 2.000 millones de usuarios de la plataforma y de WhatsApp y otras aplicaciones de su dominio.

Permitiría hacer transacciones con ellas y transferencias de dinero incluso a aquellos que no tienen una cuenta corriente en una institución financiera.

Esto ya se puede hacer, por ejemplo, con PayPal, pero la diferencia es que la de Zuckerberg es una moneda privada, controlada desde su organización y cuyo valor, para evitar las fluctuaciones de las criptomonedas, estaría sujeto a una cesta de activos financieros.

Hasta aquí parece positiva la aparición de un servicio novedoso como este de la libra de Facebook.

Los préstamos, las transacciones en los mercados financieros y demás quedarían en manos de la banca tradicional, junto con los fondos de aquellos que no quisiesen o necesitasen utilizar la moneda.

Como el esperanto, no reemplazaría lo oficial, en este caso la divisa nacional, pero tendría su indudable utilidad.

Los peligros de una moneda privada de aceptación general

Oficialmente el argumento de mayor peso para oponerse a la Libra de Facebook es que facilitaría las transferencias ilícitas de fondos, dada su privacidad (aunque la empresa podría controlar a sus usuarios).

Pero la evasión fiscal ya está inventada y se hace con las divisas actuales a través de paraísos fiscales patrocinados por diversos países (en territorio británico, estadounidense, francés, o en países enteros como lo fue Luxemburgo).

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Esto no lo digo yo, es un tema recurrente en la OCDE; esto y los precios de transferencia internacionales que son otra vía de agua en barco de la fiscalidad internacional.

Sin embargo, en la reunión de esta semana de ministros de finanzas del G7, se ha aportado un segundo argumento, más importante, y es que los Estados no pueden aceptar que las empresas privadas lancen sus propias monedas sin ningún control… democrático (añaden).

Pero lo cierto es que los bancos centrales están fuera del control de los Parlamentos nacionales, como requisito indispensable para mantener su independencia y tomar las decisiones que consideren oportunas.

Las misteriosas reuniones de los banqueros centrales, el papel del Banco Internacional de Pagos y del FMI y las relaciones que mantienen son un tema fascinante pero muy extenso, tanto que ha sido objeto de varios libros, en general críticos con estas instituciones.

Los escenarios posibles

Estamos en un momento en el que se comienza a reconfigurar el sistema monetario internacional.

La moneda china ha entrado en el sistema del FMI, el dólar está siendo cuestionado, y se habla de un retorno a algún formato adaptado del patrón oro.

Y en plena debacle financiera aparecen las criptodivisas en 2009 con el Bitcoin a la cabeza, pero que no han tenido una difusión masiva. Actualmente continúa siendo complicado su uso, y no hay muchas compras que realizar con ellas.

Desde hace unos años ya se viene hablando de las intenciones de algunos gigantes tecnológicos de entrar en los servicios financieros.

La cuestión es si las monedas privadas en la escala propuesta (miles de millones de usuarios en el caso de Facebook) pueden llegar a perjudicar la evolución planeada del sistema monetario actual, basado en el dólar.

Las posibles respuestas

La respuesta es sí, a juzgar por la actitud de los miembros del G7.

Pero la cuestión más interesante es qué ocurriría si el plan previsto, suponiendo que lo haya, no funciona bien y los ciudadanos de las principales economías somos los damnificados.

¿Podríamos poner a salvo algo de nuestro poder adquisitivo en criptomonedas?

¿Deberíamos copiar a alemanes e indios y ahorrar en metales preciosos?

Sin duda la moneda de Facebook ayudaría.

Ya puestos, podrían darnos pasaporte y nacionalidad, que es de las pocas cosas que todavía siguen vinculadas al mundo tangible.

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