El perfil de joven estudiante  ya no es el segmento dominante en la demanda de pisos compartidos

Ha pasado ya una década desde el inicio de la crisis, que tantas economías ha devastado y tantas consecuencias ha traído en el ámbito inmobiliario. Durante este tiempo hemos sido testigos de cómo ha evolucionado la composición de los hogares, y también de las soluciones a las que los ciudadanos recurren ahora que la recuperación es tímida en términos de renta disponible y los alquileres han experimentado un buen aumento.

Por tanto, compartir piso se ha convertido en una opción para muchos particulares que ya han dejado atrás los veinte años. De hecho la edad media de los ocupantes de pisos compartidos se sitúa actualmente en la treintena y, aunque los estudiantes siguen siendo un demandante presente que representa cerca del 40% de la demanda, se han abierto paso otros perfiles que, si bien ya existían, ahora superan el 50% de los solicitantes de habitación.

Estos grupos con presencia al alza son trabajadores cualificados y sin cargas familiares que encuentran un empleo en localidades distintas de donde proceden, optan por alquilar una habitación por la dificultad de encontrar un piso con un alquiler dentro de sus posibilidades. Mayoritariamente se trata de ciudades grandes donde incluso buscan compartir vivienda con compañeros de profesión para facilitar la convivencia.

Otro demandante en rango de edad de entre 35 y 55 años son personas divorciadas que no pueden permitirse mantener un alquiler, o incluso ciudadanos que han tenido que abandonar su casa alquilada por el aumento de precios.

En realidad esta opción habitacional ha recogido a todos aquellos que han sufrido las consecuencias de menores salarios, alquileres más altos y trabajos más precarios que la crisis trajo consigo por lo que podemos encontrar personas interesadas en una habitación que superen incluso los sesenta años y que deben destinar casi la mitad de sus ingresos a tener un techo.

Este fenómeno se da en  mayor medida en ciudades de cierto tamaño, donde el precio del alquiler ha aumentado, a la vez que ha disminuido la oferta de vivienda en beneficio del alquiler vacacional y las condiciones de acceso a un alquiler se han endurecido por temor de los propietarios a los impagos.

Según un estudio que Oxfam Intermon ha hecho público hace unos días, un 15% de la clase media trabajadora que sufrió la crisis, no se ha recuperado económicamente a día de hoy, aspecto que dificulta todavía más su restablecimiento y, si a eso sumamos el hecho de que la recuperación muestra ligeros signos de estabilización, que no intensa mejora, podemos deducir que esta realidad ha venido para quedarse una temporada en el mercado inmobiliario.

¿Es el momento de que el mercado asuma esta realidad habitacional o debe suponer una reflexión acerca del mercado inmobiliario que deseamos en nuestra sociedad?