El salario mínimo viene siendo noticia habitual en las noticias.

Desde que se aprobó la subida del salario mínimo, son múltiples las voces, a favor y en contra de este aumento.

En entradas anteriores, hacíamos referencia a que el bajo crecimiento de los salarios provoca un mercado inmobiliario con compraventas de menor importe medio, de lo que se deduce que el incremento del salario mínimo debería beneficiar a este mercado.

Pero vamos con los datos.

La subida del salario mínimo no ha dado lugar a un aumento de los despidos

El salario mínimo interprofesional subió en enero de este año hasta los 900 euros al mes o 12.600 anuales.

Un incremento de algo más del 22%.

El mayor casi cuarenta años.

Esto disparó las ‘alarmas’ de diversas instituciones, incluido el Banco de España, que pronosticaban una importante pérdida de empleo, en especial entre los trabajadores menos cualificados y los jóvenes.

Sin embargo, los datos de la EPA del primer trimestre del año resultaron sorprendentes.

El número de los trabajadores que perdieron su empleo fue el más bajo desde 2008.

Si particularizamos en algunos sectores, vemos como el sector de agricultura y ganadería y el de la construcción aumentaron el número de ocupados.

Eso sí, la hostelería perdió ocupación, pero menos que en el mismo trimestre de 2018.

¿Han aceptado las empresas el incremento de coste salarial?

Así pues, parece que las empresas han aceptado el incremento de coste e incluso puede que lo hayan conseguido trasladar a sus clientes.

Pero dado el elevado porcentaje de empleo a tiempo parcial, es posible que el número de horas trabajadas pudiese haber sido mayor, aunque esto es muy difícil de comprobar a nivel agregado, dado que estamos en el terreno de lo hipotético.

En definitiva, parece que se han redistribuido las rentas generadas en la economía sin efectos dramáticos, en contra de las predicciones de la teoría económica en uso.

Veremos si los datos del segundo trimestre lo confirman.

Pero ¿ha sido una subida tan grande?

Si nos comparamos con otros países, no se puede decir que nuestro SMI nos ponga en línea.

Por ejemplo, si tomamos la referencia que han tomado Reino Unido, Francia o Australia, que es el 60% del salario mediano, éste sería de 1.126 euros mensuales (según el BBVA).

Si nos comparamos con nuestro entorno, con datos de antes de la subida, estamos bastante lejos aún, como se ve en el gráfico.

Pero claro, en el gráfico se compara con los países ricos de la zona euro.

Para homogeneizar y poder comparar distintos niveles de vida y distintas divisas se usa la proporción del salario mediano que supone el salario mínimo.

Si tomamos datos de 2017, antes de la subida, pero después de que se subiese un 8%, España estaba en el furgón de cola.

Entre Estados Unidos y Canadá (este último país, por cierto, en 2018 lo subió un 13%).

Por lo tanto, si comparamos los salarios mínimos de cada país con la tasa de paro, observamos que no se aprecia relación entre ambos.

Y es que en países con poco paro como Polonia, Australia y el Reino Unido tienen su salario mínimo en el entorno del 55% del salario mediano pero bajas tasas de paro, mientras que Francia tiene una tasa de paro relativamente alta con un salario mínimo por encima del 60%.

Las conclusiones de la subida del salario mínimo.

En definitiva, parece que el problema del mercado de trabajo español no es el salario mínimo y habrá que buscar soluciones que reduzcan la tasa de paro más deprisa de lo que se está haciendo, antes de que nos arrolle una nueva crisis económica internacional.

Mientras tanto, un poco más de dinero en manos de los trabajadores no vendrá mal ni a la economía ni a las familias, ya que hay tanta gente que quiere trabajar y no lo consigue.

El problema social que esta alta tasa de paro puede llegar a crear, requiere soluciones innovadoras para o bien crear empleo o bien desligar los ingresos de subsistencia de la inclusión en el mercado laboral.

Pero de esto último hablaremos en otro artículo.