La población es un elemento fundamental para comprender el mercado inmobiliario, que depende no sólo de factores naturales, como el número de parejas jóvenes en el territorio considerado, sino que refleja también el atractivo para vivir del lugar, es decir, la expectativa de poder ganarse la vida. Aragón llegó a tener 171 mil personas no nacidas en España en julio de 2009, un 12’7% de la población. En esa misma fecha en España eran el 11’7% del total (5’4 millones, el triple de los que había en enero de 2002).

Desde que terminó 2014 la población nacional no ha dejado de reducirse en Aragón, hasta los actuales 1.315.713 habitantes, con respecto a julio de 2009 son 28.770 menos. Esta reducción se debe a que con respecto a esa misma fecha hay 28.393 extranjeros menos, mientras que los nacidos en España sólo son 377 menos. Dado que la población no nacida en España es todavía del 10’8% del total, hay que tener en cuenta que sus hijos ya figuran en estos datos que manejamos como nacionales.

Los datos no nos permiten valorar el flujo de personas entre provincias, pero en cualquier caso es significativa la pérdida de población que se ha ido buscando lugares con mejores oportunidades de negocio para vivir.

En resumen Aragón afronta un problema de población o mejor dicho, de atractivo para atraer familias que contribuyan tanto a la economía como a la sociedad en general. A corto plazo no se aprecian que las posibles soluciones se vayan a poner en marcha y por tanto lo único que se puede esperar es que la reducción continúe, lo que, unido al envejecimiento de la población no resulta en un escenario favorable a la continuación de la dinamización del mercado inmobiliario salvo en zonas concretas donde la expectativa de encontrar empleo sea mejor que en el promedio de la Comunidad. Es decir, en zonas donde consigan atraer capital o favorezcan la creación de empresas que generen puestos de trabajo numerosos.