Es un hecho histórico que la civilización se basa en las ciudades y que éstas tienden a atraer gente de forma exponencial, cuanto mayores son, más rápido su crecimiento.

La novedad en el siglo XXI es que después de décadas de ausencia de grandes conflictos bélicos y con los avances tecnológicos (en medicina, transporte, saneamiento…) la población ha crecido a ritmo sin precedentes y así lo vienen haciendo las ciudades, que en algunos lugares han alcanzado la población de países y una complejidad mucho mayor.

Cómo mantener la habitabilidad de las ciudades y su sostenibilidad

Esto plantea un doble problema político.

Por un lado, cómo mantener la habitabilidad de las mismas y por otro, cómo mejorar su sostenibilidad.

En octubre fue publicado un estudio con participación española y datos de desplazamientos dentro de sus ciudades de 300 millones de personas, que han autorizado que Google utilice sus datos de geolocalización -Bassolas, A., Barbosa-Filho, H., Dickinson, B. et al. Hierarchical organization of urban mobility and its connection with city livability. Nat Commun 10, 4817 (2019)-.

Una de las aportaciones del estudio es que las ciudades que poseen unos pocos centros neurálgicos claramente definidos, presentan mejores indicadores urbanos que otras con sus centros más difusos.

En concreto, se usa más el transporte público, se camina más, las emisiones contaminantes per capita son menores y los indicadores de salud son mejores.

Todo esto cobra mayor relevancia aún si tenemos en cuenta que estamos en una fase de transición en cuanto a la movilidad urbana, que deberá resolverse cuanto antes.

Así que habrá que preguntar a los alcaldes qué plan tienen para los próximos cinco años sobre esto y cómo visualizan su ciudad dentro de diez años.

transporte publico para favorecer movilidad

El problema de la despoblación

Si ampliamos el ámbito geográfico topamos con el problema que incluso ha motivado un representante en el Congreso, la despoblación, que genera un proceso opuesto, una des-urbanización de buena parte de la superficie de nuestro país y de áreas que se pueden encontrar en toda la Unión Europea.

Lo cierto es que realmente la despoblación es la causa de un elevado coste per capita de la provisión de servicios públicos a municipios minúsculos y de tamaño decrecientes.

En el plano urbanístico los alcaldes se encuentran con inmuebles abandonados y a la vez con una reducida o inexistente oferta de vivienda en alquiler de calidad, que imposibilita la llegada de nuevos residentes aunque hayan aparecido oportunidades de trabajo o tengan capacidad de atraer turismo.

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Cómo mejorar la calidad del aire en las ciudades

Un estudio dirigido por el científico del CSIC Xavier Querol, en el que se analizan las estrategias en doscientas ciudades europeas para mejorar la calidad del aire pone el foco en la movilidad, en reducir la circulación de los vehículos con motor de explosión en las ciudades.

Una de las conclusiones del estudio es que la mejora de la calidad del aire hay que abordarla pensando en la zona metropolitana, no sólo en la ciudad, porque las opciones de movilidad de los vecinos son las que más afectan a la calidad del aire.

Esto podría ser una perspectiva interesante para abordar el problema de la despoblación, de la movilidad de los vecinos y de la oferta de vivienda, que llevaría a localizar los focos de actividad que más posibilidades tengan de resistirse a la despoblación y plantear cómo debe ser la movilidad con los municipios del entorno y qué oferta de servicios es necesaria para frenar el proceso.

De este modo se podría optimizar el uso de los fondos públicos destinados a la despoblación y poner de manifiesto los resultados de las acciones específicas para esa área.

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