Tomando como referencia el Índice de Precios de Consumo Armonizado (con los países de la UE), los precios de todo aquello que adquirimos subieron un promedio del 0’2% con respecto a septiembre del año pasado.

La alimentación creció un 0’9% y los gastos correspondientes a la vivienda disminuyeron un -4’7% también con respecto al año pasado.

Así pues, llevamos un año 2019 ‘tranquilo’.

Con reducciones de precios continuadas desde mayo, que han permitido conseguir pequeños ahorros para gastar en hostelería durante las fiestas del Pilar, como se ve en el gráfico 1 (aunque lo cierto es que nos los hemos gastado en julio por la ola de calor) .

¿Cuales son las causas de la reducción de los precios?

La cuestión es si las causas de esta reducción en los precios pueden continuar actuando.

Habitualmente seguimos los precios de la energía, porque tienen efectos transversales en toda la economia.

Por un lado la electricidad, cuya factura es importante, en especial en verano y afecta a las decisiones de compra y de uso de los aparatos. La factura eléctrica en un hogar es distinta de la de una empresa, pero igual de inmanejable, y afecta a los costes de forma directa e importante.

El gráfico 1 muestra que después de un 2018 de significativos crecimientos el año actual los es de disminuciones.

Incluso durante el verano, cuando el mayor consumo es la justificación habitual para subidas de precios.

Sin embargo, el mercado eléctrico depende de decisiones de las administraciones públicas, a pesar de que está liberalizada la distribución. El modelo de producción, los impuestos o la distribución (REE) son los ámbitos inmediatos de estas decisiones.

Ahora que se está hablando de poner fecha a la ‘descarbonización’ seguro que los pasos que lleven a ella no nos saldrán gratis y más si continúa la reducción del número de centrales nucleares en España y en Francia.

La tendencia de la evolución de los precios por sectores estratégicos.

Mover el automóvil también nos ha salido más barato que el año anterior este verano, aunque tal como están en la zona del Golfo Pérsico, no hay que contar con que se mantenga esta tendencia hasta fin de año.

No obstante, seguimos contando con unos precios del petróleo bajos desde 2015, aunque crecientes, eso sí, como vimos en un el impacto de una futura subida de tipos de interés en el que discutíamos la posibilidad de subidas de tipos de interés y cual sería su impacto.

Pero el sector del automóvil está en una crisis profunda.

Primero porque, por fin, los coches con batería eléctrica tienen precios asequibles.

Y segundo porque, independientemente de las causas del cambio climático, la movilidad en las ciudades debe cambiar con rapidez.

Sin esperar a que el envejecimiento de la población reduzca el tráfico (una estrategia clásica entre los políticos, esperar a ver si…).

Estos dos factores, más la disponibilidad creciente de coches en alquiler y renting, hará a los ciudadanos menos vulnerables a los cambios en los precios de la gasolina.

Pero, cuidado, todavía tendrá su impacto, dado que las cadenas logísticas son extremadamente largas…y vulnerables a la inestabilidad política.

En suma, aunque los datos de precios parecen presentar un entorno deflacionario, yo no me fiaría, porque están impulsados por factores muy volátiles, los de los precios de la energía.