Este fin de semana en la prensa, se ha recordado el décimo aniversario de la quiebra de Lehman Brothers y como la actuación de las autoridades monetarias evitó un escenario de colapso en los mercados financieros y de la actividad económica en toda la OCDE.

El inicio de la crisis

En España, la insistencia en las últimas semanas de que la fase de bonanza en nuestra economía se está acabando, junto con este recordatorio del inicio de la Gran Recesión, parecen transmitir la impresión de la inevitabilidad de un inminente período de escaso crecimiento.

Revisando los sucesos de entonces, se llega a la conclusión de que esta quiebra marca la fecha en la que los problemas aparecidos hasta entonces se generalizan a todo el sector bancario europeo, porque la fecha de inicio de la crisis es el verano de 2007. Ya en abril de ese año quebraba la estadounidense New Century Financial, en agosto Countrywide, también americana, pero en ese mismo mes quiebran el banco regional público alemán Sachsen LB y el IKB Deutsche Industriebank, en septiembre quiebra el británico Northern Rock. A partir de ese momento la lista de quiebras e intervenciones públicas resulta tediosa.

En España en agosto de 2007 se habían concedido 90.763 hipotecas frente a las 26.583 de agosto de 2017 (el último dato es de junio de este año, con 30.600). La catástrofe se desató, a pesar de las diferencias entre los mercados anglosajón y español en el terreno hipotecario, que básicamente son la responsabilidad del hipotecado y que, aunque los bancos también generaron instrumentos financieros a partir de su cartera de crédito, estos deben aparecer en el balance del banco (en los EEUU no).

Así nos encontramos con una reestructuración bancaria que se inicia en 2009 y se puede dar por concluida prácticamente en 2012, año de la fusión de Ibercaja y Caja3.

La expansión monetaria en la que todavía estamos

Mientras tanto, los bancos centrales, de forma coordinada, producían el diluvio de dinero que en Europa toca a su fin el año próximo. La próxima crisis no provendrá del sector inmobiliario, pero la pregunta importante es si el sector inmobiliario es un buen destino para el ahorro de las familias o para la inversión en busca de rentabilidad, es decir, si proporcionará cobertura ante una posible crisis financiera.

Consideraciones para el ahorrador y el inversor

Los problemas para acceder a una vivienda en propiedad de aquellos que todavía no poseen una hacen interesante la inversión para alquilar como vivienda en Aragón, que no se ve sometido a la presión de los alquileres turísticos. Eso sí, hay que pensar que la renta mensual debe ser asequible a los salarios actuales.

Aquellas familias que piensen endeudarse deberán considerar detenidamente qué efecto tiene sobre sus cálculos el que el Euribor llegue al 2 o incluso al 3%, un escenario más que probable dada la duración de los préstamos hipotecarios.

Por último, la subida de los carburantes y de los tipos de interés no promueve en absoluto el consumo, con el efecto que ello tiene sobre los negocios y por tanto sobre las rentas que estos pueden pagar por los locales.