El mercado de la vivienda, el hipotecario y el de trabajo están estrechamente conectados. La vivienda para su uso (no desde el punto de vista de la inversión) ahora mismo vuelve a requerir de unos ahorros previos para que la institución financiera conceda crédito, que requieren que haya más de un sueldo en la familia, pero además la estabilidad en el empleo es otro factor que toman en cuenta para conceder crédito. En suma, desde el punto de vista del mercado inmobiliario en general, una evolución positiva del mercado de trabajo es una condición necesaria para que existan buenas rotaciones en compra y en alquiler.

El mercado de trabajo aragonés había evolucionado mejor que el nacional durante 2017, pero todavía cerró con un paro total del 11’37%, duplicando la tasa con la que se inició el siglo y se mantuvo hasta 2008. El presente año comienza con un ligero incremento de la tasa hasta el 11’58% Sin embargo, el paro entre los menores de 25 años que cerro 2017 por encima del 25%, alcanza en el primer trimestre de 2018 el 32’39% a cuatro puntos por debajo del nacional. En esta situación ni se dan condiciones para adquirir viviendas ni para alquilar vivienda de calidad, ni para atraer población de otras comunidades que dinamice el mercado inmobiliario.

Por provincias, Huesca es la que menos desempleo tiene (9’8%) seguida de Teruel (10,21) y Zaragoza (12,15 ). Sólo Teruel reduce su tasa desde el 11’1% de finales de 2017

Presentamos a continuación el gráfico interactivo donde el lector puede explorar las tendencias.

Es de esperar que la evolución positiva del mercado de trabajo en Aragón se retome, aunque la inestabilidad política de la comunidad vecina no es un factor a favor, como tampoco lo son el cambio de las relaciones económicas internacionales que se está dando ni las tendencias en sector de la automoción hacia opciones de movilidad más sostenibles. A este ritmo se tardaría como mínimo dos años en recuperar la «normalidad» del período 2002 a 2008 y esto es un plazo muy largo para hacer una previsión ante la cantidad de incertidumbres sobre la actividad económica española y aragonesa a través de las cuales nos deben dirigir nuestros políticos.