La variación anual del índice de precios se ha situado en el 2’2 en España, destacando el aumento en electricidad, gas y otros combustibles que se viene produciendo de forma destacada desde mayo y que en este último mes ha sido del 7’7.

La evolución de los precios en las provincias aragonesas ha sido paralela, destacando Huesca el último mes con un crecimiento anual del 2’6%, seguida de Zaragoza con 2’3 y Teruel con 2’2. En el gráfico comparamos el índice general, el grupo «4 Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles» y con los subgrupos «41 Alquiler de vivienda» y «45 Electricidad, gas y otros combustibles».

Los paralelismos entre provincias y la media nacional son evidentes, hasta que compramos la evolución del índice que mide la evolución del alquiler de vivienda, que a nivel nacional evoluciona positivamente desde 2014 de forma sostenida, con menores tasas de decrecimiento hasta alcanzar tasas positivas en el último trimestre de 2016. En Zaragoza hay que esperar hasta 2017 para ver tasas de crecimiento. Huesca es un caso especial en Aragón, porque el índice crece ya desde septiembre de 2015, y lo hace mucho más deprisa que en el resto de provincias decelerando sólo al llegar el último trimestre de 2017 (manteniendo los crecimientos en el índice). Teruel mantiene tasas de variación negativas hasta 2018, cuando inicia un tímido crecimiento.

 

La evolución de los precios tiene dos vertientes, la primera refleja la evolución de los precios de determinados bienes que componen el índice, como hemos visto y la segunda afecta a las decisiones de política económica del banco central europeo.

Las implicaciones sobre la capacidad adquisitiva de las familias son de sentido común, ésta se reduce ante una subida sostenida de los precios, justo en este momento en que llevamos varios trimestres en los que se puede decir que hemos salido de la crisis. Pero ahora que las medidas de política monetaria expansiva se van retirando la subida de los precios augura una subida de los tipos de interés más rápida de lo deseable para las familias endeudadas, que por otra parte hará que los mercados de renta fija se resientan, reduciendo la riqueza que se ha depositado en este tipo de inversión (léase fondos de inversión y planes de pensiones) y mejorando el atractivo de las nuevas emisiones de deuda frente a la inversión inmobiliaria.