El crédito es necesario para el crecimiento del PIB y, dados los esfuerzos del Banco Central Europeo para que fluya a la economía, es necesario dedicarle atención, en especial cuando llevamos meses escuchando anuncios sobre la cercanía de la próxima crisis.

No hay duda de que si prevemos la ‘inminente’ crisis durante el tiempo suficiente, al final acertaremos.

Especialmente porque todos los agentes económicos pospondrán sus decisiones al momento en que haya desaparecido la incertidumbre.

La evolución del crédito desde 1992

Para aquellos que quieran seguir la evolución del crédito desde la Olimpiada del 92, hemos preparado los datos desde ese momento en un gráfico interactivo.

En el gráfico hemos partido este largo período en cuatro.

El primero hasta el cambio de milenio, con su burbuja de las ‘puntocom’.

El segundo hasta el momento previo al fin de la burbuja inmobiliaria.

El tercero hasta el momento en que los precios de la vivienda dejan de reducirse.

Y el último hasta la actualidad.

En estas líneas revisaremos lo ocurrido en los seis últimos años.

La evolución del crédito desde el 92
La interpretación de los datos del crédito

Desde 2013 lo que se observa es que el crédito a la construcción y a las actividades productivas reduce su ritmo de contracción año tras año pero sin llegar a crecer (en términos interanuales).

En el primer trimestre de este año el crédito a actividades productivas se reduce un -3’6% con respecto al año anterior y el de la construcción un -5’9%, presentando una favorable evolución.

Estas tasas interanuales no implican que no fluya el nuevo crédito, sino que lo hace en menor cuantía de lo que las empresas lo están reduciendo.

Así, la buena noticia es que si las empresas encuentran más oportunidades de inversión, el crédito en algún momento empezará a crecer, aprovechando los bajos tipos de interés y adicionalmente, se creará más empleo.

A pesar de las supuestas amenazas de la robotización, que llevará a que todos seamos sustituidos por máquinas.

La evolución del crédito a la vivienda

La evolución del crédito a las familias para la adquisición y rehabilitación de vivienda es un poco mejor, ya que esto es un producto seguro para los bancos, y aunque las familias también se van deshaciendo de sus deudas a largo plazo, las tasas de reducción interanual son menores y el primer trimestre ha sido de sólo el -1’1%.

Muy distinta es la evolución del crédito para la adquisición de bienes de consumo duradero, que crece nítidamente, sin bajar del 10% interanual, desde el último trimestre de 2014 hasta el primero de 2019, cuando el crecimiento alcanza el 14’4%.

Nada hace prever que en los próximos meses la construcción o las actividades productivas presenten crecimientos en su crédito.

Aunque sería deseable.

Ya que la forma tradicional de financiación en España es la deuda bancaria más que el recurso a los mercados, y aunque la reducción de deuda mejore la capitalización de las empresas no parece que están aumentando capital para acometer sus inversiones.

Por otra parte, con los actuales precios de la vivienda tampoco es de esperar (ni deseable) que aumente el crédito para su adquisición.

Las entidades financieras continúan inmersas en un momento difícil, con bajos tipos de interés, un proceso de reducción del número de oficinas que les va a dejar con inmuebles vacíos, y con todavía algo de lastre inmobiliario en el balance.

La crisis que provocó su reestructuración completa demostró lo crítico que es su funcionamiento fluido para el resto de la economía.

Esperemos que vayan resolviendo sus problemas con acierto y rapidez.