La famosa frase del poeta en latín es la mejor que se me ocurre viendo el pronunciamiento del Pleno de la Sala del Tribunal Supremo: …parturient montes, nascetur ridiculus mus (los montes parieron, naciendo un minúsculo ratón).

Todo ha quedado igual que antes de la sentencia del 18 de octubre, por la que los bancos eran quienes debían pagar el impuesto de Actos Jurídicos Documentados. Sin entrar en las consideraciones jurídicas de qué pasa con esa sentencia y con el artículo que anulaba en el Reglamento, ni de por qué esto debe dirimirse con una votación que refleja que se está muy lejos de la unanimidad en el criterio, lo cierto es que  la sociedad española no merece la imagen que ha dado el sistema judicial, ni el daño producido a la imagen de las entidades financieras (esta vez sin razón, puesto que se atenían a la práctica habitual y a la normativa), ni la parálisis producida en el mercado hipotecario, aunque pueda ser transitoria…,o tal vez no.

Siendo una buena noticia para las instituciones financieras, especialmente para las más pequeñas, que son justamente las más expuestas al mercado hipotecario, también lo es para las Comunidades Autónomas, pero los ciudadanos nos sentimos decepcionados después de que se nos ha creado la -falsa- esperanza de que nos devuelvan un dinero. La devolución del impuesto habría agravado el déficit público primero (como ha indicado la ministra del ramo) y después habría afectado negativamente a un elemento clave de nuestra economía, las entidades financieras. Con los problemas económicos actuales (sube el petróleo, subirán de forma inminente los tipos de interés, el entorno internacional se deteriora) es lo último que necesitamos.

Así pues, afortunadamente el Pleno se ha dado prisa en resolver el asunto y mejor aún, las cosas quedan como estaban. Como se suele decir «si funciona, no lo toques».