La pasada semana entraba en vigor la derogación de un artículo muy esperada por parte de algunos ciudadanos. El 3 de septiembre desaparecía el artículo 28 de la Ley Hipotecaria que dificultaba la venta de un inmueble heredado a los sucesores no directos. Un artículo que establecía que hasta pasados dos años, familiares indirectos del fallecido, como hermanos o primos debían de esperar dos años tras el fallecimiento para poseer todos los derechos sobre el inmueble. La causa era que cabía la posibilidad de que apareciera en ese tiempo algún familiar directo y pudiera reclamar la propiedad del inmueble.

Para Luis Solana, de Mercurio Abogados, es una cuestión de “seguridad jurídica”. La derogación se produce “gracias al buen funcionamiento del Registro de Actos de Última Voluntad, siendo absolutamente residuales los casos en los que puede aparecer un heredero con mejor derecho que aquel que ya aceptó la herencia”.

Unos casos excepcionales que hasta ahora dificultaban la venta de dichos inmuebles ya que las entidades financieras no asumían riesgos en ese periodo ante la posibilidad de tener un posterior conflicto en el registro. A partir de ahora si aparece un nuevo heredero, asegura Solana, tiene dos opciones: “O reclama y pide la declaración de la nulidad del título de propiedad recuperando el bien inmueble o, en el caso de que haya sido vendida, recibirá una compensación económica conforme al valor de la vivienda”, asegura el letrado.

Hasta ahora, los casos que se producían eran escasos, pero en el caso de que se produzca algo así los propietarios que adquieran un piso de estas características no tienen que estar preocupados. “Si han actuado de buena fe estará protegido por la fe registral del artículo 34 de la Ley Hipotecaria, siendo su adquisición inatacable jurídicamente hablando; lo que sin duda reportará seguridad al tráfico jurídico y económico en las transacciones inmobiliarias”, indica Solana.